Creemos que todo el mundo merece sentirse bien en su propia piel, sea cual sea su edad

Demencia e incontinencia: 7 consejos útiles para los cuidadores

La demencia es una enfermedad neurodegenerativa que representa algo más que la pérdida de memoria, porque provoca un deterioro de la persona, socava su independencia y afecta negativamente a su salud y calidad de vida.

El tratamiento de la incontinencia en una persona mayor con demencia es muy complicado y puede ser muy delicado desde el punto de vista emocional. Los cuidadores a menudo se sienten abrumados por el trabajo constante de atención y apoyo, sobre todo si cuidan a su propio familiar, y con el tiempo se enfrentan a la desestabilización de su vida privada. En muchos casos se preguntan si merece la pena seguir así o si tendría más sentido buscar ayuda y confiar a su ser querido a una residencia de ancianos.

El objetivo de este artículo es ayudar al cuidador a tener una vida más serena y a la persona cuidada a afrontar mejor la vida cotidiana mediante pequeñas medidas.Dos cosas sencillas que puedes hacer para mejorar el estilo de vida y la rutina de tu ser querido son fomentar una alimentación adecuada y vincular las necesidades fisiológicas a los momentos de la rutina diaria. Además, para aumentar la seguridad personal del cuidador, es importante que el cuarto de baño sea claramente visible y accesible. Es importante cuidar la piel con regularidad utilizando productos específicos y de calidad. Desde el punto de vista psicológico, es igualmente importante un cuidado empático y comunicativo, que haga que el ser querido se sienta comprendido y entendido.En los párrafos siguientes entramos mucho más en detalle con 7 consejos útiles sobre cómo poner en práctica estas medidas.

Índice:

Demencia e incontinencia: 7 consejos para cuidadores

Imagen 1: Cuidador atendiendo a una persona mayor

Vivir con demencia es un reto

La demencia afecta a más de 1 millón de ancianos en Italia y provoca la pérdida de capacidades cognitivas y motoras. Se calcula que unos 3 millones de personas están directa o indirectamente implicadas en el cuidado de sus seres queridos. Se trata de miles de familias que sufren física y psicológicamente a diario.

De hecho, la demencia no sólo tiene implicaciones en la vida de la persona mayor, sino que también causa sufrimiento, frustración y malestar en los familiares. Cuidar del propio padre o madre viendo cómo su estado psicofísico se deteriora constantemente no es un proceso fácil de atravesar. A menudo uno no se siente capaz de afrontarlo y esto conduce en muchos casos a altos niveles de estrés o, lo que es peor, a una depresión grave.

¿Qué causa la incontinencia urinaria en las personas con demencia?

Uno de los problemas más comunes con la edad avanzada es la incontinencia; de hecho, a partir de los 60 años, entre el 15% y el 35% de los ancianos en Italia empiezan a padecerla. Estos porcentajes aumentan considerablemente en los ancianos con demencia, hasta un 60-70% de los casos. Varios estudios nos muestran también que un alto porcentaje de éstos, alrededor del 75/80%, son huéspedes de la RSA y, por tanto, muchos más que los que viven en casa.

Datos sobre personas con demencia

Gráfico 1: La incontinencia se da principalmente entre personas mayores de 60 años con demencia

En las personas con demencia avanzada , la incontinencia se debe a una mezcla de factores, tanto físicos como mentales. A menudo se pierde el control de esfínteres debido a la incapacidad de reaccionar rápidamente a los estímulos o de recordar dónde está el retrete. En los casos graves, desaparece la percepción física y mental de las ganas de orinar o defecar.

En general, los motivos que provocan incontinencia en las personas con demencia son:

  • Limitaciones físicas para llegar a tiempo al baño
  • Pérdida de movilidad
  • La sensación de confusión que lleva a no reconocer el baño o a no recordar cómo llegar a él
  • Dificultades de comunicación con el cuidador

¿En qué fase de la demencia se produce la incontinencia?

Generalmente, los primeros casos de incontinencia empiezan a producirse en las fases intermedias de la enfermedad, principalmente debido a lagunas mentales.

Es en esta etapa cuando la persona mayor empieza a experimentar los primeros casos de desorientación, confusión, momentos en los que puede olvidar dónde se encuentra el retrete, no recordar cómo utilizar los accesorios adecuados o incluso orinar y defecar en lugares que no son los correctos.

A esto pueden añadirse problemas físicos, como dificultad para desvestirse, desabrocharse botones o una falta general de interés por la higiene personal.

En cambio, en la fase más avanzada de la enfermedad, la persona mayor sufre episodios de desorientación mucho más frecuentes y prolongados, en los que no es consciente de lo que le rodea, no reconoce las señales que le da su cuerpo, como la urgencia de hacer sus necesidades, y desarrolla serias dificultades para comunicar esta necesidad.

En este momento, la persona pierde la percepción del problema y se vuelve totalmente dependiente de alguien, un cuidador que tiene que ocuparse de ella continuamente.

7 consejos para cuidadores

Los cuidadores reconocen que la incontinencia es el mayor problema en el tratamiento de una persona mayor con demencia.

Es una buena idea, cuando aparezcan los primeros síntomas, consultar a un médico para averiguar si hay problemas físicos detrás de estas dificultades, de lo contrario puede ser muy útil seguir estos 7 consejos que pueden mejorar significativamente la vida de ambos.

1: Hacer que el baño sea fácilmente reconocible, accesible y utilizable

Parece trivial, pero las personas mayores con demencia, sobre todo en las fases más avanzadas, tienen dificultades para llegar al cuarto de baño por imposibilidad física o pueden no recordar dónde se encuentra, incluso en su propia casa.

Estos son diez consejos que pueden ser de importancia fundamental para la seguridad de las personas mayores:

  • Haz que el baño sea visible dejando siempre la puerta abierta
  • Pega fotos en la puerta y utiliza colores fuertes para que destaque de las paredes circundantes
  • Crear un ambiente interior confortable y perfumado que invite a la persona a permanecer en él todo el tiempo que sea necesario
  • Asegúrate de que la puerta sea fácil de abrir
  • Reorganiza el espacio para que el cuarto de baño esté lo más cerca posible de la cama del residente.
  • Deja siempre una luz encendida por la noche
  • Instala asideros de apoyo, quizás de colores, a los que la persona mayor pueda agarrarse para evitar caídas
  • Elimina todos los obstáculos, tanto externos como internos, como plantas, papeleras y elementos que puedan confundirse con un retrete
  • Para los hombres, puede ser especialmente útil fijar el inodoro a la altura adecuada y colorear el agua del interior para crear un contraste y que sea más fácil de distinguir
  • Esconde o camufla el bidé para evitar que se confunda con el inodoro.

2: Garantizar la higiene y limpieza del residente y del lugar donde vive

La piel de los ancianos es muy frágil y la incontinencia puede debilitarla aún más, provocando irritaciones y lesiones cutáneas.

Esto ocurre debido al contacto prolongado de la orina y/o las heces con la piel de tu ser querido. La piel frágil, al tener una barrera fisiológica protectora deficiente, es más propensa a las lesiones. Las lesiones son fácilmente penetradas por bacterias que pueden causar irritación o infección.

Por tanto, es esencial lavar adecuadamente a la persona mayor, comprobar que la piel está perfectamente seca y que siempre tenga ropa limpia que ponerse

Muchos expertos recomiendan el uso de productos sin aclarado porque permiten lavar a la persona mayor sin utilizar continuamente agua que podría dañar la piel.

Para la limpieza, es preferible utilizar paños suaves paños desechables que son más higiénicos que las esponjas clásicas y, gracias a su gran absorbencia y resistencia, garantizan una piel seca y sin pelusas..

Otro aspecto importante es intentar que el residente viva en un entorno seguro, agradable y limpio. entorno seguro, agradable y limpio. Para ello, es importante limpiar y ventilar regularmente las habitaciones, eliminando posibles fuentes de malos olores.

Es esencial limpiar la ropa, la ropa de cama, así como las fundas de las sillas y los colchones. Para los objetos cotidianos que no pueden lavarse de forma sistemática y cómoda (sillas, sofá, colchón…), se recomienda utilizar fundas de materiales especiales impermeables y transpirables.

Demencia e incontinencia: 7 consejos para cuidadores

Imagen 2: Cuidador atendiendo a una persona mayor

3: Utiliza los productos más adecuados para la persona mayor

Utilizar los productos adecuados es un elemento fundamental que puede ayudar tanto a reducir la posible aparición de problemas cutáneos relacionados con la incontinenciacomo garantizar una mayor limpieza y seguridad y, por supuesto, facilitar el trabajo del cuidador. Es muy importante:

  • Elige ropa que sea fácil de quitar y limpiar.

Por ejemplo, puedes tener pantalones con bandas elásticas en lugar de cremalleras, que son bastante más fáciles de desabrochar. Deben evitarse los pantalones con cierres de botón, cremalleras complicadas y aberturas estrechas. Las personas mayores pueden tener dificultades físicas para quitarse la ropa, lo que puede retrasar el acceso al baño. Obviamente, para el cuidador, esto supone un gran ahorro de tiempo y también físico.

Los ancianos con demencia a menudo tienden a querer quitarse la ropa o los pañales, incluso en momentos inadecuados. Por tanto, en estos casos sería conveniente utilizar ropa que no pueda quitarse sin ayuda, tal vez con una cremallera trasera.

  • Haz que el residente lleve pañales.

Incluso en ausencia de incontinencia real (urinaria y/o fecal), se recomienda el uso de braguitas absorbentes, ya que resultan esenciales cuando es difícil llegar al retrete. Existen varios tipos, muy cómodos de llevar, tanto desechables como lavables y reutilizables.

Los pañales deben cambiarse en cuanto se note que están sucios,generalmente cada tres horas para evitar el contacto prolongado con líquidos y bacterias, excepto por la noche, donde se puede mantener más tiempo para no interrumpir el sueño.

La fijación correcta de estos dispositivos de contención también es esencial. Esto se debe a que en caso de una fijación demasiado floja existe riesgo de fugas embarazosas o de que la persona mayor pueda quitárselo fácilmente, mientras que lo contrario podría causar rojeces y abrasiones en la piel de la persona cuidada.

  • Utiliza productos para el cuidado de la piel a diario.

Las pérdidas debidas a la incontinencia pueden causar irritación cutánea y, en casos graves, lesiones a largo plazo. Por lo tanto, es una buena idea crear una rutina diaria, utilizando una serie de productos que pueden ayudar al asistente a tener una piel más sana e hidratada. Estos productos deben utilizarse a fondo después de cada evacuación u micción.

Es fundamental la elección de estos productos (cremas, limpiadores y champús) y el método de uso y aplicación, que debe realizarse con movimientos suaves. También es muy importante la fase de secado, que debe ser minuciosa y realizarse mediante golpecitos en la piel, sin frotar. Las cremas barrera son muy útiles para proteger la piel del contacto prolongado con la humedad y los agentes irritantes.

4: Fomentar una nutrición e hidratación adecuadas

Una nutrición adecuada es un factor de vital importancia que evita repercusiones desagradables en el ya complicado tratamiento de la incontinencia. Hay una serie de bebidas y alimentos que una persona mayor o incontinente no debe consumir porque provocan un aumento de la frecuencia de la necesidad de ir al baño, aumentando las ocasiones de incomodidad.

Es muy importante garantizar el grado adecuado de hidratación, asegurándose de que el cuidador ingiere la cantidad correcta de líquidos.

Al recomendar una consulta con el médico de cabecera, una indicación generalizada podría ser la siguiente:

Alimentos que debes evitar Alimentos recomendados
Café Pescado con omega 3 (bacalao, salmón, pez espada)
Alimentos integrales (pan, pasta, arroz, avena, cebada)
Chocolate Yogur y leche fermentada
Bebidas carbonatadas Fruta de temporada (manzanas, plátanos, uvas, caquis, fresas)
Comida picante Verduras de hoja verde (brécol, nabos, lechuga, espinacas, espárragos)
Frutos secos Legumbres (garbanzos, judías, habas, quinoa, etc.)
Alcohol Soja
Algunos alimentos ácidos (limones, limas, naranjas, pomelos) Agua (1,5/2 litros al día)
Productos a base de tomate Queso (para aromatizar platos sin utilizar especias)
Azúcar, miel y edulcorantes en general Verduras (pepinos, pimientos, zanahorias, calabaza)

Tabla: lista de alimentos que pueden ayudar o perjudicar a las personas con incontinencia

Evidentemente, no todo el mundo reacciona de la misma manera a la ingesta de estos alimentos, por lo que, si forman parte de la dieta de la persona mayor, es importante intentar reducirlos individualmente, tratando de evaluar cuál es la respuesta del organismo a ese cambio.

5: Intenta establecer micciones periódicas

Intentar crear una rutina puede ser de gran ayuda porque permite que el cuerpo se acostumbre a ciertos ritmos.

En general, intenta animarles a ir al baño nada más despertarse, después de las comidas y antes de acostarse. Cuando todavía sean lo bastante independientes, puedes pedirles que vayan al baño cada dos horas más o menos, intentando averiguar cuál es el momento perfecto para su cuerpo.

En las fases más avanzadas de la enfermedad, el paciente es incapaz de controlar sus impulsos de forma regular. En esta fase, la falta de comunicación puede ser un obstáculo, por lo que hay que encontrar formas no verbales comunes que puedan indicar la necesidad de ir al baño.

Cuando la persona mayor pierde la capacidad comunicativa y física para ocuparse de sus propias necesidades El cuidador debe ocuparse, por tanto, de acompañar a la persona mayor al baño cada pocas horas, normalmente dos, y procurar hacerlo a las mismas horas.

Imaginamos que esto puede ser bastante complicado, por lo que es esencial pedir ayuda a profesionales o a otros familiares que puedan ayudarte.

6: Cuidados detallados del vaciado pélvico.

El cuidador debe ser hábil, como ya se ha dicho, para intentar establecer una buena rutina. Sin embargo, también debe ayudar al cuidador a realizar correctamente la práctica de la micción y la evacuación y, después, vigilarla tanto en cantidad como en calidad. Hay varios aspectos que el cuidador debe vigilar.

  • El residente debe sentarse correctamente en el retrete. Esto es esencial porque garantiza un vaciado adecuado de la vejiga y de la ampolla rectal.
  • El residente no debe empujar en un intento de estimular o acelerar la micción o la evacuación.

Por tanto, un buen cuidador debe ser capaz de establecer una rutina en las micciones y evacuaciones, controlar que éstas se realizan de forma correcta y crear una especie de vaciado planificado. y evacuaciones, vigilando que éstas se realicen de forma correcta y creando una especie de vaciado planificado. Si esto se hace de forma correcta, los resultados pueden ser magníficos tanto para el residente como para el cuidador, lo que se traduce en menos accidentes y menos estrés y fatiga para el cuidador.

7: Ser empático, comprensivo y comunicativo

El último consejo no está relacionado con cuestiones físicas, sino que se centra en la importancia del apoyo emocional a la persona mayor.

La persona con demencia necesita que la tranquilicen y la consuelen, es importante que el cuidador intente darle tranquilidad, que muestre aprobación por lo que hace y, sobre todo, que no le haga sentirse culpable cuando se produce la incontinencia. Puede parecer que el cuidador no se da cuenta ni siente emociones, pero en muchos casos se siente humillado por lo que ocurre.

No hay que considerar este tema como tabú, sino que hay que hablar de él y tener siempre una actitud positiva y comprensiva hacia el paciente.

Hay que darse cuenta de que no todo el mundo reacciona de la misma manera ante estos inconvenientes. Algunos pueden ponerse nerviosos y malhumorados, mientras que otros pueden reconocer el problema como parte de su enfermedad. Por tanto, es importante abordar la situación con sinceridad y ser respetuoso, hablar con calma del tema y evitar mostrarse grosero y nervioso.

Elige la empatía en lugar de la lástima, intenta comprender sus sentimientos y pensamientos e infúndeles positividad. Esto sin duda puede ayudarte a largo plazo.

A menudo se sienten incómodos, intenta fomentar la comunicación y, si se muestran reacios, inicia la conversación con claridad y deja claro que eres plenamente consciente de sus problemas y necesidades. Mantente positivo y paciente incluso cuando se produzca un incidente.

 

Pide ayuda

Cuidar a un anciano con demencia también es una tarea muy angustiosa, sobre todo cuando se cuida a un ser querido, quizá uno de los padres. Verle en ese estado puede ser lacerante y frustrante. Todos estos elementos pueden tener un enorme impacto en la vida del cuidador, causándole estrés y, en muchos casos, depresión.

Sin embargo, hay que entender que no es un problema tomarse un descanso y no estar allí todos los días. No hay nada malo en pedir ayuda a otros miembros de la familia o a personas con más experiencia. Al contrario, es absolutamente necesario tomarse un tiempo libre, tal vez unas vacaciones, para regenerarse tanto mental como físicamente, a fin de ser más eficaz cuando vuelvas a cuidar a la persona con demencia.